Episodios de luz - Jorge Obregón - page 13

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invente, recree algo infinito, y que además lo haga
con tal verdad que no necesitemos del color para
comprenderlo y gozarlo. Los dibujos de Obregón
son placer, nos obligan a estar enfrente de ellos
largamente, a detenernos en el conocimiento
que tiene de lo que hace. Estudia al monte como
si fuera un cuerpo, lo trata con la reverencia
de lo que se admira. Esta monocromía recobra
la noción escultórica que tiene una montaña. Estos
paisajes accidentados, y sin embargo reposados,
son esculturas descomunales modeladas por la
naturaleza, por una fuerza creadora infinitamente
mayor a la del ser humano. Dibujarlas o esculpirlas
de nuevo, como hace Obregón con sus esculturas,
piezas táctiles bañadas en plata, obliga al artista
a pensar como la naturaleza, a sentir como ella
(
Ver páginas 48 y 49
). Una forma no se reproduce
con fidelidad si se hace por la forma misma, hay que
pensar en lo que no es visible, en lo que está adentro,
en los materiales, en las tierras, en el tiempo, en el
agua que fluye, en la nieve, en la erosión. Sentir cómo
sucede, cómo el viento logra que su soplo quede
en la roca, cómo el clima y el impredecible devenir
dejan su huella y permiten que exista una escultura
inmensa que defina la Historia de un hombre o de
una nación. Un guerrero defendió una montaña
para su hijo. Dejó su vida en la batalla. Como tributo,
su hijomeditó diez años en una cueva de lamontaña
y al final la dibujó en su espada.
EL PAISAJE VULNERABLE
Es inquietante ver que nos tragamos el entorno.
No lo vemos, no lo comprendemos, ni siquiera
lo amamos, pero lo depredamos, lo espoliamos.
En el óleo sobre lino titulado
Xico, el ombligo
de la ciudad de México
, vemos al cráter del
volcán que está rodeado por la corrosiva
ciudad. La posición de Obregón es privilegiada
nos muestra la zona lacustre, el cielo, la
distancia dividida en tres planos consecutivos,
un desarrollo de composición que le da a la
pintura una profundidad vertiginosa. La trampa
de la perspectiva que triunfa sobre la mirada
de los dioses. Rodeando el cráter está una
masa gris de construcciones que se comen
el espacio del volcán, que no respetan su
milenario derecho de estar ahí, que le quitan
aire, magnificencia, poder. El desarrollo de la
composición es una narración tan armónica
de este proceso interminable de invasión, que
por la calidad de la pintura resulta en una obra
bella y trágica. Contemplarla y ser el volcán
apresado es un ejercicio de comunicación,
de solidaridad invaluable.
Xico
llegó antes que
nosotros, ese pedazo de tierra del que surge
es de él, ese cráter que no puede respirar es
él. Nadie lo ve y Obregón lo pinta para que lo
veamos, lo hace con todo el conocimiento del
que ha recorrido decenas de veces esa zona,
del que entiende lo que le hacen a un volcán
el ser humano y lo que llamamos progreso.
El silencio de
Xico
es conmovedor, es un espacio
de paz, de profundidad en el ruido que lo rodea,
en el escandaloso deterioro del que somos
capaces.
Xico
es ejemplar, si lográramos tener
algo de su fuerza.
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